Por Diana Gardeneira
He venido a vivir a Costa Rica tres veces, en momentos claves de mi vida.
La primera fue a los 11 años, cuando el trabajo de mi papá trasladó a nuestra familia desde Guayaquil. Soy la mayor de tres hermanos. Yo venía de una ciudad caliente, insegura, acelerada y con pocos espacios verdes. Costa Rica me sorprendió: árboles, bosques, parques donde la gente hacía picnic y montañas por todas partes. Al principio fue difícil acostumbrarnos a ese ritmo más pausado, pero terminamos enamorándonos del país.
Un año después regresamos a Ecuador por el trabajo de mi papá. Años más tarde, Ecuador atravesó una crisis económica que comenzó a finales de los noventa, y volvió insostenible la situación del país. Con 18 años, recién graduada del colegio, volví a Costa Rica con mi familia. Estudié Diseño Publicitario porque sentía que era lo más cercano al arte que siempre había amado.
La segunda migración fue difícil. Extrañaba profundamente a mi familia y mis amigos. Al principio no logré construir muchas amistades y, al año de llegar, atravesé una crisis depresiva y de ansiedad que nunca fue diagnosticada. No tenía herramientas para entender lo que me pasaba y, además, como hermana mayor sentía que tenía que ser fuerte para todos.
Cuando vas por la vida con un hueco en el pecho
Como un micro cuento
Corto
Como algo inacabado
El resto de mi pecho va
Sin corazón
Sin alma
Incómodo
Incompleto
Como un manto negro
cubriendo el alma
Cansada de las lágrimas
Cansada del dolor
Adormecida emocional
Inerte
Sin sentido
Desvelada por la ausencia
Hueca
Sin órganos
Autómata
18/11/2024, por Diana Gardeneira
Cuatro años después, mis padres regresaron a Ecuador con mi hermano menor. Mi hermana Zaida y yo nos quedamos solas en Costa Rica, trabajando, estudiando y viviendo con nuestro perrito Poky. Éramos dos hermanas migrantes sosteniéndose juntas. Con el tiempo obtuvimos la ciudadanía costarricense. Queríamos tener la posibilidad de movernos libremente por el mundo y, sobre todo, sabíamos que algún día podríamos regresar.
Y regresamos. Estuve 16 años en Ecuador. Trabajé en publicidad y finalmente pude estudiar Artes Visuales, cumpliendo un sueño. Me desempeñé como profesora, gestora cultural y proyectos artísticos personales. Pude usar el arte para hablar de feminismo y temas sociales. En Yo sí te hago todo (1), proyecto colaborativo, me interesa retratar cifras de violencia contra mujeres mediante una instalación textil. Con la colectiva La Gallina Malcriada (2) generamos espacios donde mujeres artistas podían mostrar sus talleres. También participé en la banda de punk fluido Las Dulces Sueños (3), desde donde ocupamos la música como un espacio de expresión, resistencia y representación feminista.

Collage de fotos de izquierda a derecha: Oswaldo Díaz. Guayaquil – Ecuador, 2024. Ana Cristina Vázquez, Guayaquil – Ecuador, 2018. Sin nombre, Guayaquil – Ecuador, 2017. Bienalsur, Córdoba – Argentina, 2019.
Pero llegó la pandemia y Guayaquil se convirtió en uno de los lugares más golpeados de América Latina. Entonces, nuestros sitios de reunión se vieron afectados. Inmediatamente vino una nueva crisis: violencia criminal, secuestros, balaceras, cárceles, toques de queda y extorsiones. La gente empezó a migrar nuevamente. Mi ciudad comenzó a vaciarse y aumentó el desempleo. Los negocios cerraron y también desaparecieron los espacios culturales de los que yo, como artista, dependía para trabajar.
El día que el país se fue a la verga
Lo primero que hice fue comprar
Un six pack de biela
Y un paquete de cigarrillos
Poner gasolina al carro
Horas antes estábamos
Cerca del canal de noticias secuestrado
Analizando
Cómo carajos
Salimos de la zona de guerra
Esquivando bala
Esquivando carros que explotaban
Esquivando secuestradores
Esquivando robos de hospitales
Esquivando enfrentamientos policiales
Esquivando tráfico para que no nos agarren
Saca a tu hijo de la escuela
Saca a tu hija del colegio
Enciérrate en casa y ya no salgas
Enciérrate en tu trabajo y no salgas
[…]
12/01/2024, por Diana Gardeneira
A los 42 años vendí lo que tenía, guardé algunas cosas en cajas en casa de mis padres y volví sola a Costa Rica. Esta vez, mi hermano menor está acá viviendo, también nacionalizado. Llegué con más experiencia y herramientas para cuidar mi salud mental. Sin embargo, migrar siempre implica un duelo. Tuve que empezar de cero con mi carrera artística, ya que acá nadie me conoce. Tuve que dejar la mayoría de mis obras y materiales de creación. Apliqué a todas las convocatorias y trabajos que pude. Ha sido duro conseguir algo.

Helen Bustamante, San José – Costa Rica, 2025.
Luego, pasó algo impensable para mi: seis meses después murió mi abuela materna y tuve que vivir también el dolor de no haber estado allí para despedirme. Ella era la última abuela que me quedaba y con ella se borró un poco de mi infancia. Fue una revuelta, como un cataclismo para mí. Desde la pandemia, escribo poemas para entender lo que me pasa. El arte sigue siendo mi manera de procesar el mundo. Volqué todo a escribir y hacer pinturas que retraten este vacío que me envolvía.
Te invitamos a leer la historia llamada "De viajera a migrante" por Mika Alba

Helen Bustamante, San José – Costa Rica, 2025.
¿Cómo se ve la tristeza?
Te juro que estoy triste
¿Y qué voy a hacer?
Solo dormir y soñar
con ese mundo
que ya no existe,
Solo en mi imaginación.
Cierro los ojos y estoy ahí
en Guayaquil;
almorzando los domingos
seco de pollo donde mi abuela,
comiendo encebollado en Lumas
y patacones en la Culata.
Y bailando merengue con mis amiwis,
en las veredas
bailando
y cantado
“Solo tuuuu
Bajo el cieloooo
Me recuerdas que la vida es solo un vueloooo”
17/08/2024, por Diana Gardeneira
Hoy estoy más establecida. Costa Rica tampoco es el país que recuerdo de niña, pero aquí puedo caminar, salir, participar en actividades y vivir sin el miedo constante de no saber si llegaré viva a casa. Sigo desarrollando mis proyectos artísticos acá.
Y pienso que no es justo tener que migrar para estar a salvo. No debería ser un privilegio poder ir a un lugar seguro. Tengo derecho a vivir en el país que quiera, pero también tengo derecho a poder vivir en mi propio país sin miedo. Quiero vivir cerca de mi familia, mis amigas y mis afectos. No quiero que las decisiones de quienes gobiernan me obliguen a huir.
Migrar me ha hecho muchas veces extranjera, pero también me ha enseñado a sostenerme, a reinventarme y a luchar por mi derecho a una vida digna.

“Poema al color” por Diana Gardeneira, técnica mixta sobre lienzo. San José – Costa Rica, 2025
Sobre la autora: Diana Gardeneira (1981 / Ecuador / Costa Rica / ella ) es una artista multidisciplinaria cuya carrera ha sido una constante evolución. Inicialmente, comenzó como diseñadora gráfica, pero su pasión por las artes la llevó por un camino muy diverso como la enseñanza, la música y la moda. Cree en el poder del arte como herramienta para compartir conocimientos y conectar con las personas. En 2023 fue invitada al proyecto “Hilos que luchan” participando en exposiciones, charlas y talleres en Japón. Creó un proyecto de moda consciente NMTKS (pronunciándose “No me toques”), con piezas de denuncia y poder (2022 - presente). Es cantante de la banda de rock punk Dulces Sueños (2022) y su primer ep Dulces Sueños busca contar historias de lucha femenina. Su compromiso con la comunidad artística se refleja en el proyecto de arte textil colaborativo "Yo sí te hago todo" (2017 al presente), recibiendo fondos públicos del Ministerio de Cultura (2018). Es cofundadora del colectivo de artistas "La Gallina Malcriada" (2018), donde colaboraron en 21 Talleres Abiertos, fortaleciendo redes femeninas. Su trabajo ha sido exhibido en galerías y museos locales e internacionales, y algunas de sus obras forman parte de colecciones artísticas.