Mi nombre es María José, soy originaria de Nicaragua, específicamente del Rama. Me gusta mucho jugar al fútbol; para mi no es solo un deporte es una forma de expresar quién soy y de superar obstáculos. En el campo me siento valorada por mi talento, sin importar mi documentación o mi acento.
Como les dije me gusta mucho jugar fútbol y ese deporte fue la clave para que pudiera estar a flote en un país que me discriminaban por mi acento. Migré a Costa Rica en mi etapa de preadolescencia porque la economía en mi familia era muy compleja en Nicaragua: una mamá soltera sosteniendo a cuatro hijas e hijos es difícil, pero más allá de las dificultades, buscábamos un nuevo entorno para vivir.
Estaba emocionada de venir a Costa Rica; mi mamá me decía que haría nuevas amistades en la escuela. Creé en mi mente una película que todo iba a ser bonito, pero la realidad fue otra cuando me enfrenté al bullying y a la xenofobia. Por ejemplo, una vez me empujaron de las escaleras debido a mi acento, y eso hizo que no quisiera volver nunca más a la escuela.

María José Gamboa en el encuentro deportivo organizado por Fundación GOLEES. Foto por: Brendy Núñez Hidalgo.
Sentir que tu acento, costumbre o forma de hablar te hacen diferente era difícil de procesar. La sensación de no pertenecer ni encajar, de extrañar un lugar mientras intentaba adaptarse a otro, me causaba un gran dolor. Esto me llevó a preguntarme: ¿Qué puedo hacer para destacar, y a la vez, lograr integrarme?
Así fue como me adentré en el mundo del fútbol. Todas las tardes, después de la escuela, iba al «planchel» y empezaba a jugar con los hombres. Con el paso de los días mejoré, me hice más fuerte. El fútbol no solo me fortaleció en la cancha, sino que también me hizo ser más fuerte en la escuela, con mi familia y en mi vida cotidiana.
Empecé a buscar desesperadamente en que podía ser buena. A los 11 años más o menos, conocí a una mujer norteamericana que era buenísima jugando al fútbol y me dije: “voy a pegarmele a ella para que me enseñe a jugar aún mejor”. Y fue tanto así que empezó a llevarme a su casa. Yo era la ‘’favorita de todas las chicas’’. Sentí que la vida y mi entorno tenían un poco de sentido; el sentimiento de no pertenecer y de estar a medias en dos culturas se iba desvaneciendo.
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Me convertí en la chica que trataba de imitarla para sobresalir en cada entrenamiento: como tiraba, como se movía en la cancha, los tiros de esquina… era mi ídola, así que en cada partido me propuse sobresalir. El fútbol me enseñó a tener coraje. Estaba emocionada de ir al colegio, pero encontré un nuevo obstáculo.

María José Gamboa en el encuentro deportivo organizado por Fundación GOLEES. Foto por: Brendy Núñez Hidalgo.
Apenas llevaba dos semanas asistiendo a la escuela cuando mi madre me reveló algo crucial.
Me dijo: — Quiero decirte algo.
Le pregunté qué pasaba.
Me explicó que cuando nací me registró, pero luego mi registro desapareció por completo en Nicaragua.
— No existías, no tenías ninguna identificación o papel que pudiera decir «Yo soy María José Gamboa Ríos» — me dijo.
El colegio me estaba dando un plazo para conseguir algún documento que respaldara mi identidad. En ese momento, solo tenía un papel redactado por un abogado que únicamente mencionaba mi nombre, apellidos y los de mi madre, pero no era suficiente para la escuela.
Un día, mientras estaba en clase de ciencias, una persona de la dirección llegó y dijo:
— María José Gamboa.
Respondí:
— Sí, dígame.
La persona me comunicó:
— Ya no puedes estar más en el colegio, se venció tu fecha para traer los papeles para poder estudiar.
En ese instante, algo se rompió dentro de mí. Ser migrante y, además, «no existir», hacía que las cosas fueran aún más difíciles.
A raíz de ese suceso y sin un motivo claro, intenté suicidarme un par de veces a lo largo de los años que siguiero.
La historia sigue. Una amiga que jugaba fútbol me invitó a un espacio donde solo jugaban mujeres al fútbol; la Fundación GOLEES. Pero, si les soy honesta, no me importaba como se llamaba o de quien era o que fundamentos tenía; yo solo quería jugar al fútbol otra vez.

María José Gamboa en el encuentro deportivo organizado por Fundación GOLEES. Foto por: Brendy Núñez Hidalgo.
Pase muchos años sin estudiar, sin un trabajo con un salario bien pagado y sin poder ir a un hospital por mi situación migratoria pero yo solo esperaba el día para ir a jugar futbol porque me llenaba de alegría, esperanza y valentía de seguir adelante. El balón fue mi manera de hablar cuando todavía no sabía cómo encajar, por medio del fútbol empecé a construirme desde adentro. Cada entrenamiento me retaba, no solo en cancha sino en mi día a día.
Empecé a ser amigas a través del fútbol y no les importaba mi acento ni mi nacionalidad, solo importaba jugar al fútbol. En GOLEES nos reconstruimos las veces que sea necesario; un lugar seguro de expresión donde aprendí a sentirme en casa. Cada profesora fue como unos rayitos de sol, me apoyaron a buscar redes para que pudiera obtener una identificación.


María José Gamboa junto a sus compañeras y amigas en algún encuentro deportivo organizado por Fundación GOLEES. Fotos por: Brendy Núñez Hidalgo.
El 09 de diciembre de 2024 pude obtener mi primera identificación, un DIMEX, por segunda vez volví a la vida, porque la primera vez fue gracias al fútbol. Yo no podía parar de llorar porque fue un proceso de muchos años para poder obtener mi primer DIMEX, fue increíble.
Lo primero que hice, con temor a que no fuera válido, fue ir a retirar unas pastillas de mi madre en el Ebáis. No podía creerlo: ¡sí era válido! Por supuesto, era difícil ser una persona apátrida. Gracias al FÚTBOL, pude obtener mi cédula el 02 de febrero de 2626. Luego, me llamaron para mi segundo DIMEX, pero este era diferente, directo de Migración y Extranjería de Costa Rica (DGME). Increíblemente, este año tengo mi cita para convertirme en costarricense.
El fútbol lo hizo de nuevo. En medio de tantos cambios y caos, a personas como yo, el fútbol nos devolvió la esperanza. Para mí, el fútbol fue, es y será mi refugio. Dentro de una cancha, no importa de dónde vienes; el balón une a las personas, sin importar el idioma, las raíces, las culturas, el color, etc.

María José Gamboa en el encuentro deportivo organizado por Fundación GOLEES. Foto por: Brendy Núñez Hidalgo.
Por muchos años creí que migrar era perder tu identidad pero no lo es, es llevar tu historia contigo mientras empiezas a construirte de nuevo, abriendo caminos, haciendo amistades, valorando tus raíces y luchando por tus sueños.
¡NUNCA TE CALLES PORQUE TU ACENTO TIENE HISTORIA
QUE CONTAR A LAS PERSONAS!
A las jóvenes extranjeras que alguna vez se sintieron como un pez fuera del agua, diferentes, solos o tristes, que sintieron que no encajaban, quiero decirles algo: nunca se avergüencen de su acento, de sus raíces o de su historia.
Nunca se avergüencen de dónde vienen o a dónde van. Su acento no es una debilidad, sino la prueba de lo que han vivido.
¡Gracias fútbol!
María José Gamboa