Por Wendy Quintero Chávez
Desde que tengo memoria siempre quise ser mamá. Crecí en una familia típica nicaragüense, disfuncional y carente de inteligencia emocional, eso sí, con referentes de mujeres fuertes que ayudaron a mi formación y avivaron mi espíritu rebelde. Es por lo que nació en mí el deseo de tener mi propia familia chiquita. Siendo feminista desde muy joven, me veía como madre soltera, sin embargo, el destino me llevó no solo a tener una carrera sólida como periodista, también a casarme, divorciarme y ver crecer a mi hija junto a una red de apoyo, compuesta de mujeres mayormente.
Ser o no mamá es una elección. Respeto a aquellas mujeres que defienden esta libertad de elegir no serlo, al igual para aquellas que como yo, optamos por entrar en esa etapa caótica. Es más, me siento orgullosa de aquellas que, sin ser madres biológicas, deciden darle amor a una persona a través de la adopción. Por eso conmemorar el Día de la Madre Nicaragüense, tiene para mí una connotación hermosa, sin embargo, en Nicaragua, desde hace ocho años esta fecha ya no es la misma.
El Día de la Madre se conmemora en Nicaragua el 30 de mayo. Siempre ha sido una fecha familiar, pese a la parafernalia comercial, pero eso cambió en 2018. Ese año, las madres de las primeras personas asesinadas en abril convocaron y marcharon junto a miles de personas exigiendo justicia por sus hijos. En ese momento nunca imaginamos que la crueldad de los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo llegaría hasta el punto de enviar a policías, paramilitares y posiblemente integrantes del Ejército Nacional a acribillar a las personas que marcharon en la llamada “la madre de todas las marchas”.

La histórica «madre de todas las marchas» del 30 de mayo de 2018 en Managua. Fotografía por Jorge Cabrera Reuters.
Ese 30 de mayo de 2018 se tiñó con la sangre de muchas personas. Según el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) al menos 16 personas fueron asesinadas durante la violenta represión de las protestas del 30 de mayo de 2018 en Nicaragua. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, señala que más de 355 personas han sido asesinadas (2018 a la fecha) y sus madres, siguen exigiendo justicia ante la impunidad que vive el país.
Más de 840 mil personas, según Acnur, durante estos ochos años han salido de Nicaragua, algunas como yo exiliadas y otras migran para buscar una mejor vida. Y a pesar del tiempo, sigue doliendo esta fecha de la madre. Duele como en 2019, cuando por primera vez pasé lejos de mi Nicaragua, mi madre, mi hija y mis amigas.


La histórica «madre de todas las marchas» del 30 de mayo de 2018 en Managua. Fotografía de AFP y Nicaragua Investiga.
Vivir este día en el exilio va más allá de la ausencia: también es reconstrucción, cuidado, duelo y fuerza. No importa en qué país esté, aparece como territorio de refugio, pero también como lugar donde se sigue sintiendo la persecución, el miedo, la incertidumbre y la responsabilidad de denunciar.
El Día de las Madres en Nicaragua no puede ser reducido a una fecha ceremonial, de festejo o conmemorativa mientras existan madres que lloran a sus hijos asesinados, madres de personas presas políticas y desaparecidas, madres exiliadas, madres que defienden derechos humanos y madres que han sido perseguidas por exigir verdad y justicia.
Para mí ser madre nicaragüense ahora significa resistir al desarraigo, cuidar la memoria, acompañar a otras víctimas y sostener la esperanza de una Nicaragua que vuelva a ser madre de toda su ciudadanía: una patria que abrace no expulse; que proteja, no persiga; que cuide, no castigue.

Museo AMA en el antiguo Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA) en la UCA. Fotografía por AMA.
En definitiva, la maternidad es, sin duda alguna, también un acto político cuando se exige verdad, justicia, memoria y libertad, desde el exilio, por ello me pregunto ahora ¿qué significa criar, cuidar o acompañar a la familia cuando se vive lejos de la tierra propia? ¿Cómo se sostiene la maternidad cuando el exilio obliga a comenzar de nuevo? ¿Cómo se combina el miedo con la obligación ética de seguir denunciando? ¿Cómo se transforma el dolor en trabajo de memoria y acompañamiento?
En el exilio aprendí que una madre no solo cuida con las manos; también lo hace cuando denuncia o acompaña a otra madre que no sabe dónde está su hijo, cuando sostiene la memoria de quienes el poder quiere borrar. Las mamás buscamos proteger a la familia, defender y acompañar a la propia y a la vecina. Como periodista lo he visto y me sigue moviendo el recuerdo de tantas madres que, a pesar del dolor, no dejan de guardar la memoria de sus hijos asesinados y luchar contra la impunidad.
Dentro de Nicaragua sigue la persecución que se extiende mediante la vigilancia, amenazas, despojo, criminalización, desnacionalización y campañas de odio y miedo que obligan a la población a vivir en silencio. Por eso es importante que quienes estamos fuera del país podamos seguir organizándonos, denunciando y acompañando a las familias víctimas del régimen Ortega-Murillo que intenta imponer silencio, pero que, de acuerdo con cada circunstancia, se responde con memoria y alzando la voz.
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Fotografías desde el exilio en Costa Rica por CNN y el Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más.
Tengo la esperanza y la fe de que volveremos a la “matria” Nicaragua, lejos de parecer ingenua ante la realidad que nos sacude, es una forma de resistencia y resiliencia ante el exilio. El régimen Ortega-Murillo ha convertido la patria en expulsión, cárcel, miedo y silencio. Por eso debemos pensar en una Nicaragua verdaderamente democrática que sea casa, abrazo, justicia, regreso, y protección. Un país que como una madre no abandone a sus hijos e hijas; que reconozca a las víctimas, que abra caminos de retorno y garantice derechos plenos para todos y todas.
En este Día de las Madres, envío un gran abrazo a quienes conmemoran dentro y fuera del país, a quienes lloran, buscan, esperan una llamada, una fe de vida, una tumba donde poner flores, o una frontera que deje de doler. Como madre, periodista y defensora de derechos humanos, sigo creyendo que Nicaragua puede volver a ser casa. No la casa del miedo, sino la casa común donde quepamos todas y todos. Esa esperanza me sostiene.
Sobre la Autora:
Wendy Quintero Chávez es periodista, especialista en comunicación digital y defensora de derechos humanos nicaragüense, exiliada desde 2018. Su trabajo se centra en el periodismo crossmedia con un enfoque transversal en la memoria histórica y los derechos humanos. Con casi tres décadas de trayectoria, ha sido catedrática universitaria y editora en los principales medios escritos de su país, además de fundar y dirigir Radio Camoapa, una emisora comunitaria clave en la región. Su labor periodística y su firme compromiso con los derechos de las mujeres han sido reconocidos con múltiples galardones nacionales, entre ellos el Premio a la Excelencia del Periodismo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Actualmente, coordina esfuerzos de comunicación y defensa de derechos humanos desde el exilio en el Colectivo Nicaragua Nunca Más y la Asociación Periodista y Comunicadores Independientes de Nicaragua, es especialista de SembraMedia para Nicaragua y ejerce como vicepresidenta de la Red de Mujeres de AMARC América Latina y el Caribe, utilizando la palabra y la resistencia digital como herramientas para defender la verdad y tender puentes de memoria en Centroamérica.